Elaboración De Instrumentos De Evaluación Diagnóstica, Para Medir Los Aprendizajes De Los (Las) 1NM, En Las Asignaturas de Matemática Y Lenguaje Y Comunicación

Date
2013
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Universidad Miguel de Cervantes. Magíster En Educación Mención Currículum y Evaluación Basado En Competencias
Abstract
Tendemos a ver la educación desde el punto de vista del adulto y nos olvidamos por completo que un día nosotros también estuvimos en un pupitre enfrentados a un currículum que nos desgarró. En particular, debo confesar que sufrí y por ende fui un estudiante que el sistema escolar catalogó como problema. En múltiples ocasiones intentaron expulsarme ya que los docentes no entendían como un “alumno” con tantas capacidades no quería hacer nada y se conformaba con lo mínimo. Tampoco entendían mi desgano en aula que se contradecía con mi comportamiento en talleres culturales, académicos y deportivos donde – con o sin intención – daba lo mejor de mi. Nadie entendía nada y a decir verdad tampoco yo entendía que pasaba en mi interior. En la sala veía a profesores tristes y descontentos con su profesión que me obligan a ser de una forma, me imponían conocimientos fríos, que sólo mencionaban las palabras SIMCE y PSU y donde YO, como sujeto único e irrepetible, no tenía importancia alguna. Muy por el contrario, en el relajo del taller, tenía conversaciones gratas con docentes, un clima agradable en aula donde el tiempo era marcado por un suave tic tac del corazón grupal de los seres humanos que conformábamos aquella noble bancada. Allí las palabras sagradas de la PSU y del SIMCE no eran pronunciadas y cedían su espacio al respeto, al sentido de escuchar, a la sensibilidad. El sistema fue cruel conmigo y con dichos docentes, pero hay una disyuntiva todavía peor; el sistema continua teniendo aquella crueldad. Desde aquel entonces nada a cambiado, todo sigue igual y aún permanece esta batalla de dominación y de microfísica del poder al interior de un aula. La sensaciones descritas se explican por si solas. Dentro de la sala de clase había un profesor frustrado, un hombre que se esmeró durante cinco años en la Universidad para obtener título con un sueldo mínimo en relación a su esfuerzo. Había un hijo, un padre de familia, un esposo desgastado por las horas de trabajo en aula, cansado de corregir pruebas y realizar planificaciones en sus tiempos libres. Había un ser humano presionado ante los exámenes estandarizados que rigen nuestra educación, obligado a ejecutar lo que dice un plan y programa. Ante esta realidad, no puedo no recordar las palabras de Tito Fernández en su canción tributo a los profesores que señala: “Yo soy universitario, tengo un título legal, sin 5embargo mi salario, nunca fue proporcional”. Al otro lado de la vereda estaba yo, reclamando un espacio para ser escuchado, pidiendo a gritos que mi educación se centre en el ser y no sólo en el conocimiento, estaba pidiendo autonomía y confianza porque a pesar de mi corta edad creía ser capaz de realizar otro tipo de tareas. Nada de eso llegaba en la coyuntura formal, sin embargo esto si lo tenía en talleres, tenía mi espacio donde decir, donde mi opinión era escuchada, donde no me sentía violentado. Pero este escenario también tenía un problema, puesto no era medido con notas y contradictoriamente, fue el espacio que más me sirvió en mi vida universitaria y más me ha servido en mi vida laboral. Este extraña, pero a su vez peligrosa particularidad es – a mi juicio – la que esta llevando la educación al fracaso absoluto porque el sistema escolar en su totalidad se olvido por completo de encauzarnos en el camino de la felicidad y del desarrollo integral y esto ha provocado que tanto profesores como alumnos se encuentran en una situación de malaventuranza. El sistema educativo se autosustenta en la imposición, en el miedo y sirve a los dioses de lo material y lo banal. El objetivo es claro: callar voces, crear sujetos pasivos que funcionen en este modo autoimpuesto, tener profesores en un marco legal que se encuadre dentro de un contexto donde sea imposible luchar. ¿puede existir algo más violento que la imposición? ¿puede haber algo más dicotómico que la educación en sí? Al parecer no. Suena duro, pero es la triste realidad que hoy nos ampara. La Educación salvaguarda los intereses de los grupos de poder dominantes y con ello simplemente se transforma en un monigote transmisor de un discurso principal que tiende a mantener el estatus quo social. En particular, pude salir adelante gracias a mi familia, a mi lugar de residencia, a que mi colegio que a pesar de mis críticas era uno de los mejores de la ciudad, sin embargo hay otros que no tienen la misma suerte y mueren en el sistema. Los factores de riesgo tarde o temprano se transforman en conductas de riego y con ello los jóvenes terminan perdiendo el timón de sus 6vidas. Caen en las redes y son víctimas de una coyuntura que los necesita para seguir sobreviviendo. Los jóvenes de alguna u otra forma son conscientes de aquella situación y se resignan cabizbajo ante la violencia educativa en particular y ante la violencia sociocultural-político- económica en general Qué hacer ante este problema – que más que un problema es una realidad constante – . La respuesta es más sencilla de lo que se piensa: encaminar el sistema educativo en función de la felicidad y del amor de todos los participantes de la educación. Los profesores y los alumnos requieren un nuevo trato. Los primeros necesitan menos horas de aula, más tiempo de planificación y reflexión, participar en la construcción del currículum, reconocimiento social real y un salario a la altura de su labor. Los segundos necesitan nuevas prácticas que estén ligadas al vínculo afectivo (bonding) y un plan educativo centrado en saber ser, saber convivir, aprender a aprender, en el desarrollo de las oportunidades de aprender y practicar habilidades interpersonales prosociales y de auto control (las conocidas self managmente skills) . El golpe a la cátedra resulta más que necesario de lo contrario seguiremos siendo avales de un sistema violento y segregador que vela por mantener las diferencias sociales. El cambio propuesto conlleva a crear un clima nutritivo, de respeto, de colaboración en el aula y de fortalecimiento de la convivencia escolar y por curioso que esto parezca, la literatura especializada nos señala que cuando esto se logra, los resultados académicos se dan por añadidura. No hay nada más fructífero que tener alumnos y profesores contentos con el sello de identidad y de compromiso frente a un proyecto que vela por el pleno desarrollo de todos. Sin duda, en las líneas anteriores no se plantea nada inalcanzable, sin embargo como bien sabemos, la educación siempre se resiste al cambio, no obstante la crisis de violencia escolar, el desgano y el crecimiento de las brechas sociales nos obligan, en función del beneficio de los educandos y de la responsabilidad social que tenemos, a ir más allá y ser pioneros en educación. Todos sabemos que el actual sistema esta agotado y es indispensable realizar un giro copernicano que salvaguarde, proteja y ayude a lo más integro que tenemos: nuestros estudiantes.
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